Resumen

Este ensayo propone el acto colectivo de desgranar maíz como unidad analítica para comprender la epistemología comunitaria mesoamericana frente a los retos del presente. A partir de las categorías de comunalidad de Floriberto Díaz Gómez, la filosofía del nosotros tojolabal de Carlos Lenkersdorf, el concepto náhuatl in ixtli in yóllotl de Miguel León-Portilla y la noción de civilización negada de Guillermo Bonfil Batalla, se argumenta que el desgranar no es una práctica residual en vías de extinción, sino una tecnología activa de transmisión de memoria colectiva cuya vigencia resulta especialmente pertinente ante la crisis de vínculos que caracteriza el momento histórico de 2026.

Palabras clave: comunalidad, maíz, memoria colectiva, cosmovisión mesoamericana, transmisión oral, epistemología comunitaria, 2026.

1. El problema del presente: fractura vincular en tiempos de aceleración

El año 2026 no es solo una coordenada cronológica. Es un umbral en el que convergen al menos cuatro procesos de fractura que afectan de manera diferencial pero simultánea a las sociedades latinoamericanas: la aceleración tecnológica impulsada por la inteligencia artificial generativa, la profundización de la crisis climática y sus efectos sobre los sistemas agrícolas tradicionales, la erosión de los tejidos comunitarios urbanos y periurbanos por dinámicas de hiperindividualismo, y la instrumentalización política de las identidades colectivas como recursos simbólicos vaciados de contenido epistemológico.

Ante este escenario, el pensamiento hegemónico propone más tecnología, más velocidad, más eficiencia individual. La paradoja es que precisamente las sociedades con mayor capacidad tecnológica reportan los índices más altos de soledad estructural, desconfianza social y ansiedad ante el futuro. La crisis no es de medios, sino de marcos de referencia: de formas de conocer, de existir y de relacionarse con el tiempo, el territorio y los otros.

Este ensayo no pretende ofrecer una respuesta totalizante a dicha crisis. Propone, en cambio, un desplazamiento de la mirada: detenerse en un gesto cotidiano que ha persistido durante milenios en este continente —el acto de desgranar maíz en comunidad— y leerlo no como reliquia etnográfica sino como práctica filosófica activa que porta respuestas a preguntas que el presente apenas comienza a formular con urgencia.

2. El maíz como ontología: de la botánica a la constitución del sujeto

Para comprender el peso filosófico del acto de desgranar, es necesario situar al maíz en su dimensión ontológica dentro del pensamiento mesoamericano, dimensión que desborda con mucho la categoría occidental de "alimento" o "cultivo".

El Popol Vuh, texto fundacional del pensamiento maya k'iche', establece que los seres humanos actuales fueron creados de maíz —específicamente de masa de maíz blanco y amarillo— después de dos intentos fallidos con barro y madera. Esta narración cosmogónica no es simple metáfora poética. Como señala Alfredo López Austin, las narrativas de origen operan como modelos cognitivos que organizan la percepción de la realidad, la temporalidad y las obligaciones recíprocas entre humanos, naturaleza y fuerzas cósmicas. Ser hecho de maíz implica una deuda ontológica con el proceso que hace posible el maíz: el trabajo colectivo, el cuidado de la semilla, la renovación cíclica del ciclo agrícola.

Arturo Warman documentó con rigor histórico que el maíz no fue simplemente domesticado por las culturas mesoamericanas: fue co-evolucionado con ellas durante aproximadamente nueve mil años. El resultado es una simbiosis sin paralelo en la historia agrícola mundial —el maíz actual es biológicamente incapaz de reproducirse sin intervención humana, y las culturas que lo desarrollaron construyeron sobre él no solo su alimentación sino su calendario, su cosmología, su arquitectura ritual y sus formas de organización social.

Enrique Florescano ha mostrado que la figura de Quetzalcóatl está fundamentalmente ligada al maíz como principio de transformación y regeneración. El dios que "descubrió" el maíz para los humanos —según los mitos nahuas, escondiéndose en la Montaña de Nuestro Sustento— es el mismo dios de la cultura, del arte y de la transmisión del conocimiento. No es accidental: en la cosmovisión mesoamericana, dar de comer y transmitir saber son aspectos del mismo acto.

Esta dimensión ontológica es lo que convierte el acto de desgranar —de separar los granos del olote, de preparar la semilla para su siguiente ciclo— en algo cualitativamente distinto al procesamiento de una materia prima. Es un acto de continuación de una alianza milenaria entre especies, culturas y generaciones.

3. La comunalidad como epistemología del gesto colectivo

El concepto de comunalidad elaborado por Floriberto Díaz Gómez desde el pensamiento ayuujk (mixe) ofrece el marco teórico más preciso para comprender lo que ocurre cuando varias personas desgranan juntas.

Díaz identificó cuatro elementos constitutivos de la vida comunal en las sociedades indígenas de Oaxaca: la tierra como madre y como territorio; el consenso en asamblea como ejercicio de autoridad; el servicio gratuito como ejercicio de gobierno; y el trabajo colectivo —tequio— como acto de recreación permanente de la comunidad. Lo crucial en su análisis es que estos cuatro elementos no son instituciones separadas sino aspectos de un solo principio: la vida no se concibe como proyecto individual sino como participación en una continuidad que precede y sobrevivirá al individuo.

La implicación epistemológica de este principio es radical: el conocimiento no se produce en el individuo que observa, sino en el tejido relacional que permite que algo sea observado, nombrado y transmitido. Las recetas, los tiempos de cocción, las variedades de maíz apropiadas para cada preparación, los gestos específicos de la mano al desgranar para preservar la calidad del grano —todo este saber existe y circula en la práctica colectiva, no en ningún repositorio individual. Cuando el acto de desgranar en comunidad desaparece, no desaparece solo una costumbre: desaparece el medio por el cual ese conocimiento existe.

Esta perspectiva converge con lo que Carlos Lenkersdorf descubrió al convivir con los tojolabales de Chiapas durante dos décadas. La lengua tojolabal carece de objeto directo en su estructura gramatical: toda acción involucra dos o más sujetos activos. No hay "yo actúo sobre ti", sino "nosotros actuamos juntos". El nosotros tojolabal —lajan lajan aytik, "estamos parejos"— no es la suma de individuos sino la condición de posibilidad de cada uno de ellos.

Cuando un grupo de personas desgrana maíz, reproduce de manera encarnada esa estructura ontológica: cada mano trabaja, pero el trabajo de cada mano cobra sentido en el ritmo compartido, en la conversación que fluye, en la decisión tácita de no terminar hasta que el montón esté vacío. La tarea crea el nosotros al mismo tiempo que el nosotros hace posible la tarea.

4. In ixtli in yóllotl: el rostro y el corazón que se forman en el encuentro

Miguel León-Portilla identificó en la filosofía náhuatl un concepto de persona radicalmente distinto al del sujeto moderno occidental. El difrasismo in ixtli in yóllotl —"el rostro y el corazón"— designa a la persona que ha alcanzado madurez moral y epistémica: no mediante la introspección individual ni la acumulación de conocimientos, sino mediante el encuentro con otros y con la tradición transmitida por los tlamatinime (sabios, "los que saben algo").

El rostro —ixtli— es la singularidad irreducible de cada persona, su forma de aparecer ante el mundo. El corazón —yóllotl, derivado de ollin, movimiento— es el principio activo que hace posible el pensamiento y la acción. Ambos se forman juntos, en el proceso de ixtlamachiliztli —dar rostro a la gente— que la comunidad realiza en el encuentro cotidiano.

Lo que ocurre en el desgranar colectivo no es que un individuo experto transmita información en un modelo pedagógico unidireccional. El encuentro mismo —las manos trabajando juntas, los cuerpos en el mismo espacio, las voces que se cruzan sin agenda explícita— genera las condiciones para que el rostro de cada participante se forme y se complete. La abuela que desgrana con su nieta no le enseña a desgranar: le da rostro. Le muestra —sin mostrar— cómo se sostiene algo frágil con atención, cómo el tiempo de la tarea tiene su propio ritmo que no puede apresurarse, cómo el trabajo produce gozo cuando se hace en compañía.

El desgranar colectivo es un espacio de formación implícita: la transmisión no ocurre en el contenido explícito de lo que se dice, sino en la forma de estar juntos que la tarea impone y que los cuerpos aprenden sin saberlo.

5. La civilización negada y la memoria que espera

Guillermo Bonfil Batalla formuló en 1987 una tesis que a cuatro décadas de distancia resulta más pertinente que nunca: existe un "México profundo" que porta una civilización mesoamericana viva, funcional y coherente, permanentemente negada por el proyecto de modernización que identifica progreso con occidentalización.

El "México imaginario" no es un enemigo externo sino una élite internalizada que ha asumido como propio el proyecto de eliminar o folclorizar lo que no puede incorporar. Esta operación cultural desplaza las prácticas como el desgranar colectivo hacia la categoría de lo pintoresco, lo turístico, lo arqueológico —objetos de contemplación nostálgica pero no de conocimiento activo.

Lo que Bonfil señala, y que resulta crucial para el momento de 2026, es que la civilización mesoamericana no está en ruinas ni en museos. El maíz criollo que una familia siembra en Tlaxcala con variedades seleccionadas por sus abuelos durante generaciones es más sofisticado genéticamente que cualquier semilla transgénica de laboratorio. La organización comunitaria del tequio resuelve problemas de coordinación colectiva que ningún sistema de gestión corporativa ha podido replicar. El conocimiento sobre ciclos climáticos, suelos y fechas de siembra que circula en la oralidad comunitaria es más específico y localmente pertinente que cualquier modelo climático de escala continental.

Lo que falta no es que esa civilización se "modernice". Lo que falta es que deje de ser negada —y que quienes la portan la reconozcan como saber.

6. La red activa: lo que el desgranar mantiene vivo

El acto de desgranar maíz en comunidad no es la suma de sus componentes instrumentales. Es la activación de una red que mantiene viva una memoria que de otro modo no tendría soporte material. Esa red opera en al menos tres registros simultáneos.

En el registro ecológico, el desgranar mantiene activa la relación entre las personas y las variedades de maíz que han seleccionado durante generaciones. La CONABIO documenta 64 razas de maíz nativo en México —cada una adaptada a condiciones específicas de altitud, humedad, temperatura y ciclo—, y esa diversidad se mantiene principalmente a través de la práctica de selección y guardado de semilla que el desgranar hace posible.

En el registro epistemológico, el desgranar es el medio por el cual circula un conocimiento que no tiene —ni puede tener— representación escrita. El ángulo de presión para liberar el grano sin dañarlo, el sonido que distingue un grano bien formado de uno hueco, el color y la textura que indican si la mazorca está lista para semilla —este saber existe en las manos que lo practican y en las conversaciones que lo acompañan. No es transmisible por texto ni por video; requiere presencia, repetición y la corrección implícita que el grupo provee.

En el registro ontológico, el desgranar colectivo actualiza la pertenencia a una continuidad que trasciende al individuo. Quien desgrana con otros actualiza —sin necesidad de explicitarlo— que forma parte de una cadena que viene de antes y va hacia después. Esta actualización —que la tradición nagual llamaría un acto de reconocimiento del Águila— es exactamente el antídoto filosófico al paradigma de la propiedad ontológica que convierte todo, incluyendo el tiempo, en recurso de un yo soberano y aislado.

7. Pertinencia para 2026: retos específicos y respuestas desde la raíz

Ante la crisis de atención provocada por la economía de plataformas digitales, el desgranar impone un tiempo no negociable de presencia sostenida. No hay atajos: la mazorca da sus granos uno por uno, al ritmo de las manos. Esta imposición de lentitud crea las condiciones para un tipo de atención que el entorno digital destruye sistemáticamente.

Ante el colapso de los lazos intergeneracionales, la práctica del desgranar colectivo restituye la autoridad epistémica de la experiencia acumulada. No toda forma de saber puede ser digitalizada ni acelerada. El conocimiento encarnado en manos que llevan décadas trabajando la tierra tiene una densidad que ningún algoritmo puede comprimir.

Ante la privatización del suelo y la semilla, la práctica del guardado de semilla que el desgranar preserva es un acto de soberanía alimentaria y epistémica. Quien guarda su semilla no depende de quien la produce; quien transmite el saber de guardarla crea las condiciones para una autonomía que ningún subsidio gubernamental puede reemplazar.

Ante la crisis climática, el conocimiento tradicional sobre variedades de maíz criollo adaptadas a microclimas específicos es potencialmente más valioso que los modelos de agricultura industrial que homogeneizaron los sistemas alimentarios haciéndolos frágiles ante la variabilidad climática.

8. Conclusión: la raíz como horizonte

Este ensayo ha argumentado que el acto de desgranar maíz en comunidad es una práctica filosófica activa que porta respuestas mesoamericanas milenarias a problemas que el presente apenas comienza a reconocer como urgentes. Leído a través de Floriberto Díaz, Lenkersdorf, León-Portilla y Bonfil Batalla, ese gesto cotidiano revela una epistemología donde el conocimiento es colectivo y encarnado, una ontología donde la persona se constituye en el encuentro y no en el aislamiento, y una ética donde el cuidado de lo que se recibió es la forma más básica de responsabilidad con lo que vendrá.

No se trata de romantizar el pasado ni de proponer su restauración literal. Se trata de reconocer que ciertas respuestas a las preguntas más urgentes del presente no están en el futuro sino en las prácticas que el paradigma dominante ha llamado residuales o atrasadas —y que siguen operando con una eficacia que ese paradigma no puede medir con sus propias categorías.

En 2026, cuando la inteligencia artificial puede generar en segundos cantidades de información que ningún humano podría procesar en una vida, lo que escasea no es información. Lo que escasea es la capacidad de estar presentes en un lugar, con otros, en una tarea que no puede delegarse a ninguna máquina: el trabajo de las manos que cuidan lo que da vida.

Eso es lo que el desgranar mantiene. Eso es lo que se pierde cuando se pierde. Y eso es lo que todavía está, esperando ser reconocido.

Referencias bibliográficas

Fuentes primarias

  1. Bonfil Batalla, G. México profundo. Una civilización negada. FCE, 2019 [1987]. ISBN: 978-607-16-6599-7.
  2. Díaz Gómez, F. "Comunidad y comunalidad." La Jornada Semanal, 11 de marzo de 2001.
  3. Florescano, E. Quetzalcóatl y los mitos fundadores de Mesoamérica. Taurus / DeBolsillo, 2016 [2004].
  4. Lenkersdorf, C. Los hombres verdaderos. Voces y testimonios tojolabales. Siglo XXI / UNAM, 1996.
  5. Lenkersdorf, C. Filosofar en clave tojolabal. Miguel Ángel Porrúa, 2002.
  6. Lenkersdorf, C. Aprender a escuchar. Enseñanzas maya-tojolabales. Plaza y Valdés, 2008.
  7. León-Portilla, M. La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes. 11ª ed. UNAM, 2017.
  8. León-Portilla, M. Toltecáyotl. Aspectos de la cultura náhuatl. FCE, 1980.
  9. León-Portilla, M. Visión de los vencidos. 29ª ed. UNAM, 2024.
  10. López Austin, A. Los mitos del tlacuache. 3ª ed. UNAM, 1996.
  11. Recinos, A. (trad.). Popol Vuh: Las antiguas historias del Quiché. FCE, 1947.
  12. Robles H., S. y Cardoso J., R. (comps.). Floriberto Díaz. Escrito. Comunalidad, energía viva del pensamiento mixe. UNAM, 2007.
  13. Warman, A. La historia de un bastardo: maíz y capitalismo. FCE / UNAM, 1988.

Artículos académicos

  1. Pérez Roldán, A. "In ixtli, in yollotl, un difrasismo náhuatl." Management Review (UPGTO), vol. 9, nº 1, 2024. DOI: 10.18583/umr.v9i1.237
  2. Pérez Ruiz, M. L. "Guillermo Bonfil Batalla. Aportaciones al pensamiento social contemporáneo." Cuicuilco, nº 57, 2013, pp. 115–136.

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