El nombre de Carlos Castaneda genera, en ciertos círculos, una reacción casi refleja: el escepticismo inmediato, la sonrisa condescendiente, la referencia a que "fue desacreditado". Y en esa reacción hay algo que vale la pena examinar con cuidado, porque revela menos sobre Castaneda que sobre los supuestos epistemológicos del que la emite.


El argumento escéptico y su trampa

El argumento estándar contra Castaneda tiene esta estructura: sus relatos sobre Don Juan Matus no pueden verificarse externamente, por lo tanto deben considerarse ficción o fraude. La conclusión parece razonable. El problema está en el criterio que la genera.

Ese criterio es el de la verificabilidad empírica externa: una afirmación es válida si puede ser corroborada por un observador independiente usando los métodos de la ciencia occidental moderna. Este criterio es legítimo dentro de su dominio. El problema es cuando se lo presenta como universal —como el único criterio posible de evaluación de verdad— sin reconocer que esa universalidad es ella misma una posición filosófica, no un hecho.

Lo que el escéptico hace, sin nombrarlo, es una petición de principio: asume como criterio de verdad exactamente lo que está en disputa. Castaneda describe un sistema de conocimiento que opera bajo otros principios epistemológicos. Juzgarlo con los criterios del sistema que él cuestiona no es refutarlo. Es ignorarlo.


La simetría de la ausencia de prueba

No existe prueba de que Don Juan Matus existió como Castaneda lo describe. Tampoco existe prueba de que no existió. La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia —especialmente cuando el sistema de conocimiento en cuestión opera deliberadamente fuera de los canales de documentación occidental.

Los nagualistas no dejaban registros académicos. No publicaban en revistas. No asistían a congresos. Su transmisión era oral, personal, selectiva. Juzgar la ausencia de ese tipo de registro como evidencia de inexistencia es aplicar los criterios de un sistema a otro que los rechaza explícitamente.

La simetría es esta: el escéptico que dice "no hay prueba de que Don Juan existió" aplica exactamente el mismo razonamiento defectuoso que critica en los creyentes. Ambos están haciendo afirmaciones sobre algo que, por definición, no puede ser verificado desde afuera del sistema.


Lo que sí puede evaluarse

La pregunta relevante no es ¿existió Don Juan? sino ¿tiene coherencia interna el sistema que Castaneda describe? Y en ese terreno la respuesta es más interesante.

Las obras de Castaneda describen una filosofía de la percepción, la energía y la conciencia que tiene continuidad interna, que se desarrolla a lo largo de doce libros con una lógica consistente, y que conecta con tradiciones mesoamericanas documentadas —aunque no de forma directa ni verificable en todos sus puntos.

El concepto del punto de encaje —el lugar en la burbuja de percepción energética donde se fija la conciencia ordinaria— es una propuesta metafísica. No es verificable por neuroimagen. Tampoco lo es la hipótesis de la conciencia de Chalmers, que la academia toma en serio. La diferencia en el tratamiento no revela una diferencia en la rigor; revela una diferencia en el origen cultural del propositor.


El eurocentrismo epistémico como variable oculta

Hay algo más en juego que la validez de Castaneda específicamente. La facilidad con que el mundo académico descartó sus obras —comparada con la seriedad con que trata propuestas igualmente inverificables provenientes de la filosofía continental europea— sugiere que el criterio no es solo epistemológico. Es también geopolítico.

Un chamán yaqui del desierto de Sonora que transmite un sistema de conocimiento sobre la naturaleza de la realidad y la expansión de la conciencia es folklore, fraude o antropología exótica. Un filósofo alemán que propone que el Ser se desoculta en el Dasein es ontología fundamental. La diferencia en el tratamiento no se explica por diferencias en la verificabilidad.

Castaneda, independientemente de sus propias inconsistencias como persona y como académico, abrió una pregunta que sigue sin cerrarse: ¿bajo qué condiciones una tradición de conocimiento no occidental merece ser tomada en serio en sus propios términos?


Una postura honesta

La postura intelectualmente honesta frente a Castaneda no es ni la credulidad ni el descarte. Es algo más difícil: la suspensión del juicio en los puntos donde los criterios de evaluación son ellos mismos el objeto de disputa, y la evaluación cuidadosa en los puntos donde sí hay elementos comparables.

Don Juan puede no haber existido exactamente como está descrito. La tradición nagual puede ser una síntesis creativa más que una transmisión directa. Castaneda puede haber mentido sobre partes de su biografía académica. Todo eso puede ser cierto.

Y al mismo tiempo, el sistema de ideas que describe puede tener valor filosófico independiente de su origen verificable. Como lo tiene Platón, cuyos diálogos son también en parte ficción filosófica. Como lo tiene cualquier tradición de sabiduría que transmite conocimiento en forma narrativa antes que proposicional.

La pregunta no es si creemos en Don Juan.

La pregunta es si somos capaces de evaluar un sistema de conocimiento sin antes haberlo descalificado por el color de piel de quien lo transmite o el lado del Atlántico donde nació.

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